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EL INFORME PISA 2025 LEVANTA ACTA DEL DESASTRE: LOS ALUMNOS ESPAÑOLES SABEN CADA VEZ MENOS DESPUÉS DE DÉCADAS DE LEYES, OCURRENCIAS PEDAGÓGICAS, PANTALLAS, APROBADOS REGALADOS Y DESPRECIO POR EL CONOCIMIENTO, POR EL MÉRITO, POR EL ESFUERZO, POR LA DISCIPLINA…
CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN.
El Informe PISA 2025 acaba de hacer algo que en España resulta cada vez más necesario: medir.
Medir, simplemente.
Porque llevamos décadas perfeccionando el arte de esconder la realidad cambiándole el nombre. Al suspenso lo llamamos dificultad de aprendizaje. Al fracaso, desafío. A la ignorancia, diversidad. A bajar el nivel, inclusión. A pasar de curso sin saber, promoción. A no exigir acompañamiento. A quitar contenidos, modernizar. A convertir al profesor en secretario, psicólogo, asistente social, policía, confesor, de formularios y domador de adolescentes, innovación educativa.
Y entonces llega PISA, pone unos cuadernillos delante de miles de muchachos de quince años y pregunta:
—A ver, ¿qué sabéis?
Y se acabó la poesía.
España obtiene 451 puntos en lectura, 457 en matemáticas y 477 en ciencias. Queda por debajo del promedio de la OCDE en las tres: 461, 463 y 482 respectivamente. Desde 2015 ha aumentado en once puntos porcentuales la proporción de alumnos con nivel insuficiente en matemáticas, en quince en lectura y en seis en ciencias. La propia OCDE sitúa los resultados españoles entre los peores observados desde que España participa en la prueba.
Dicho sin anestesia:
Después de diez años o más sentados en un aula, una parte creciente de nuestros muchachos tiene serias dificultades para leer, calcular y razonar.
Y no estamos hablando de resolver ecuaciones diferenciales, traducir a Cicerón o explicar la mecánica cuántica.
Estamos hablando de leer.
Comprender.
Calcular.
Pensar.
Lo básico.
La escuela española ha conseguido una proeza difícil de superar: mantener durante años a millones de niños dentro de edificios llamados centros de enseñanza sin garantizar que al salir de ellos sepan suficientemente aquello para lo que, en principio, entraron.
PISA NO HA ROTO NADA: HA ENCENDIDO LA LUZ
No faltarán las excusas.
Nunca faltan.
Las pantallas.
La pandemia.
Las familias.
La inmigración.
La falta de profesores.
Los cambios sociales.
La desigualdad.
La OCDE.
La metodología de PISA.
Mercurio retrógrado.
Cualquier cosa sirve antes que pronunciar una frase sencillísima:
El sistema de enseñanza español funciona mal.
Es cierto que la bajada afecta a numerosos países (mal de muchos, epidemia). La propia OCDE constata un descenso general, particularmente acusado en lectura y matemáticas. El pequeño problema para nuestros vendedores de humo es que España también cae y se mantiene por debajo de los promedios de la OCDE en las tres materias fundamentales.
Que otros empeoren no convierte nuestros malos resultados en buenos.
Si a un enfermo se le gangrena una pierna, no constituye ningún consuelo explicarle que en la habitación contigua hay dos enfermos con fiebre.
Pero ya conocemos el procedimiento.
Cuando España mejora una décima, el Gobierno descubre una hazaña histórica.
Cuando España se hunde, descubre una tendencia internacional.
Así cualquiera gobierna.
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